Archivo de la categoría: Reflexiones Bizarras

Destete

No soy dueño de la verdad. Sólo doy opiniones.

Y tal vez hablo poco porque sé, y porque pasa, que mientras más cosas digo más la cago.

Al final la causa de todos los males se predice con la estadística.

Y a veces se pierde con estilo.

“No era hepatitis, era neumonía, vaquero”.

Politicamente correcto, microbiológicamente como las bolas del dragón.

– Doctor, dígame la verdad. Como a usted no le estoy pagando, sé que no me va a mentir.

– Pero señora, en general yo no miento, a menos que usted fuera extremadamente joven y atractiva. Y estuviera en bikini.

En teoría el médico es la primera medicina del enfermo. Luego viene lo demás.

¿Qué pensará la gente cuando ve a un tipo mal peinado, mal afeitado, algo gordinflón, ojeroso y sonriente, detrás del escritorio?

Al menos me baño  diario y ocupo ropa interior limpia.

Pero eso nadie lo sabe.

Filo. Total, no me pagan la consulta (?).

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Megaletha Plus

Lo más difícil no fue conseguir el dinero, ni comprarla, ni subirla por el ascensor.

Lo complicado es la instalación.

Maldita lavadora.

Se lo perdono porque se llama Margarita Plus y tiene 6 programas de lavado, y es la primera fémina que invito al departamento.

– Lea, entreténgase, cultívese, produzca, fabrique, y después me cuenta.

Este día tiene 25 horas. Podría pasar cualquier cosa.

Cualquier cosa.

– Y me volví loca desde que supe que mi pareja se metió con mi mamá y tuvieron un hijo, cuando yo estaba embarazada. Caí en las drogas y en una fiesta me lancé encima, y la apuñalé.

– Feliz día, mamá.

Instalar una lavadora es tan molesto como un furúnculo en el culo. No tengo ni las llaves, ni el desagüe adecuado, ni las mangueras. Pero ahí está doña Margarita, mirándome, recién desembalada, como burlándose de mi inocencia.

Gásfiter, fontanero. Arreglar cañerías no tiene nada que ver con pisar tortugas y rescatar princesas.

– Es un dolor maldito que no se quita con nada. Te hace vomitar, pero no se alivia al hacerlo.

– Ser padre te cambia, viejo.

– El tiempo vuela, muchacho. Ayer tenía tu edad, era joven y no me dolía nada. Ahora tengo 3 hijos, estoy por jubilarme, y estoy lleno de achaques.

Porque lo más dificil es el primer beso, señora. Luego de eso, ocurre la magia.

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Espataataaaah!

Afuera están los vecinos armando el bullicio de siempre. Amparados por no sé qué poder político, se toman el barrio con sus reuniones familiares. Y son numerosos. Y no respetan ninguna hora.

Todos los días escucho sus risotadas. El abuelo pasa su jubilación sentado leyendo el diario, o roncando, o escupiendo en sonido “stereo”, o delirando en voz altísima. O cuando los dioses lo exigen, el bastardo se da el lujo de afilar sus cuchillos a las 8 de la mañana con el cemento que hay debajo de mi  ventana.

También tengo la sospecha de que me roban parte de la internet inalámbrica. No me vengan con el que cabro chico saca su notebook a la calle para recargar su batería solar o  porque le nace el espíritu ecologista.

Lo ven todo, controlan todo, saben todo. Es como si cada uno de ellos fuera la vieja chismosa de la vecindad. Imposible salir de casa sin sentirse toqueteado por múltiples ojos. Ya ni me molesto en saludarlos porque siento que me acuesto y despierto con ellos.

Además me enfurecen porque creo que creen que soy gay y me miran  con lástima. Culpa mía, quizá, que sólo invito amigos a la casa. Culpa de ellos, tal vez, por ser unos malditos sapos malolientes.

Si viviera en EEUU ya les habría volado los sesos. Llevo años imaginando venganzas de todo tipo: Mearles la tertulia desde mi ventana; ponerle caca a su buzón; incendiarles al perro; robarle la placa dental al viejo.

No… borren eso. Incendiarles al viejo suena mejor.

Y lo peor es que no les importa nada. Otros vecinos los han encarado directamente, sin resultados (“pero si la calle es pública!” dicen casi a coro, “es nuestro derecho!”). Son inmunes a toda amenaza. Para colmo, cada año se multiplican y traen más cabros chicos al mundo. En un cáncer hecho  familia.

Ten cuidado. Tu barrio podría ser el próximo…

(en momentos así quisiera ser una patata)

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Happy Box

– Necesito ir urgente al baño. Estoy que me c…

– Mmm… interesante idea para un video. Deja ir por un vaso.

Locura, insurrección. Genialidad. Algo así como una metralleta que en vez de usar balas de plomo, usa balas llenas de mierda. Y no deja de disparar por todo el hospital.

Ergo, un profesor enseñando medicina.

– Vaya, veo que aquí están todas las estrellas.

– ¿Ah?

– Nah… me refiero a que tienes cara de hacer algo importante.

– ¿Ah?

– No sé, algo así como descubrir un nuevo antibiótico.

¿Ah?

Mmm…

Una vez dije “mmm…” en voz alta y el profe preguntó si yo era una vaquita.

Láctica.

– Pablo, necesito un favor.

– A ver, wait. ¿Me vas a pagar con mujeres pequeñas, suicidas, de baja autoestima, con tatuajes y piercings, y que no sean rubias?

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Raindrops

– ¿Es verdad que cuando naciste rompiste el molde?

– Así dicen.

– Entonces tu mamá debió pasarla muy, muy mal.

Fuera de contexto las cosas pueden sonar extrañas. Ahí, parado en lo más profundo de Conchalí, mientras esperaba la micro, una señora me apunta con el dedo y dice:

– Yo te conozco! Tú estabas ahí cuando nació mi hijo!

– ¡¿Qué?!

– ¿Cómo? ¿No eres tú?

– Ah, bueno, sí, puede ser yo…

Demencia. Delirio. Desorientación.“Mira, quizás tu viste a la vieja por cinco segundos de tu vida. Pero si le atendiste el parto, esa vieja se va a acordar de ti el resto de la suya”.

Van tres meses de medicina interna. Agosto se fue y me ha tocado conocer a todo tipo de maestros. Un negrito sabrosón y cubanoide. Un ex-rockero emputecido porque su señora le botó la caja del Chivas Reagal a la basura. Un vejete picarón y chistoso y con mucha influencia.

Un crespo juvenil y trabajólico, y otro crespo más viejo y ochentero y que no está ni ahí con nada.

Pasado, presente. Futuro.

La indecisión, los límites. Las contraindicaciones. El daño hepático. Los 50 kilos que al final eran 30.

Error de cálculo. Aplicar la formula del sodio, del bicarbonato, de la acidosis metabólica. Miliequivalentes por litro. Todo muy divertido y didáctico,  pero los enfermos se van a la mierda y se mueren igual.

Y la pena y la rabia y la crítica destructiva. Duele más cuando proviene de uno mismo.

– Uff.. no alcancé a almorzar. Apenas llegue a la noche, le diré a mi mamá que cocine algo.

– Pucha que eres mamón.

– ¿Qué te pasa con mi mamá? Es la única que me quiere por lo que soy y no por lo que le puedo dar, como el resto de las mujeres.

Días de incertidumbre. Septiembre, Octubre, y se acaban los días de universidad. La titulación.

Terrible prah.

– Mira, el delantal de Jimmy tiene pezones.

Fuera de contexto las cosas pueden sonar extrañas.

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AZT+RTV

Ok. Esta tarde voy a escribir lo que sea. Cosas que uno piensa mientras agarra la hojita y juguetea con el lapiz.

Por ejemplo, el tipo cuarentón que tiene SIDA. Drogadicto, enflaquecido, con abandono de tratamiento, da la impresión de que lo único que quiere es morirse.

Y parece que lo único que quiere es morirse, porque está lleno de bacterias y hongos por todos lados. Apenas puede respirar, hace dos días dejó de comer, y aunque ya no pueda hablar, sus ojos dicen que la corte con la tontera y que lo deje morir en paz.

Pero casi nadie en su familia sabe que tiene SIDA. Y lo visitan a diario. Y hasta pasan la noche con él. “¿Que pasó, primo?” “¿Por qué está tan flaco, tío?” “Ánimo, hermano”.

Y ahí uno juguetea con el lapiz. Escribir. Salvar una vida. ¿Pero cuánto vale esa vida? ¿Quién le pone valor a esa vida?

¿No que todas las vidas valen lo mismo?

¿Ah, no?

Porque a pesar de hacer cálculos, ajustar medicamentos, hacerle la punción lumbar, a veces me da rabia llegar por las mañanas y ver que todavía sigue vivo.

Algo para pensar por las tardes.

(antes era más fácil. Llegaba a mi casa y veía pokemón en la tv)

¿Y que hay de las ancianas que gritan y se quejan dentro de los hospitales?

– Señoriiiita!! Déme un vasito con aguaaaaa, por favorrrr!

– Joooooven, quiero ir al bañooooo!

– Mijita, por favor, ayuuuuuudeme!

– Agüita, señoriiitaaaa!

– Doctor… estoy cagá.

Y cuando la vieja me dijo eso, supe al tiro que la vieja estaba vigil, lúcida, orientada, y en condiciones de alta.

– Buena, Pablo, hoy ví que le echaste el ojo a cierta nutricionista.

– Mira, la verdad es que todos los días, apenas llego al hospital, lo único que pienso es que si consigo una pareja, no quiero que tenga nada que ver con el área de la salud. No quiero que sea doctora, ni enfermera, ni paramédico, ni nutricionista, ni…

– …

– Y te digo que apenas tenga la oportunidad, soy capaz de tragarme mis propias palabras con un litro de aceite.

Y así son las cosas. A veces siento que se me pasa la mano con el sentido del humor.

– Señor, tengo un problema. Usted tiene anemia, y una de las causas de eso es el cáncer.

-…

– Hay varias formas de estudiar eso. La primera es un examen algo… mmm… invasivo. Consiste en meterle un dedo por el culo y examinar si no tiene algo extraño en el ano o en la próstata. Así que dése vuelta y bájese los pantalones.

– Mmm… no me gusta nada esto.

– La verdad es que a mi tampoco.

Y la próxima vez que entre al Coyote, iré con mi carné de identidad y me tomaré un maldito sacrificio maya.

Y sin la bombilla.

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Come ñame

– Creo que pasaré una rato al tocador. Necesito tocarme.

Un frío de los mil demonios. Un despertar con la nariz azulada y el cuerpo entumido. Temblores, tiritones, y una madre que no deja de hacer sopaipillas. Pleno invierno, ni ganas dan de escribir alguna tontera.

Con limón y sal, está pasado a tequila.

– ¿Qué diablos pasa con estas enfermeras? ¿Cómo pueden venir así a un hospital? Y después se extrañan de tanta denuncia por acoso sexual.

Agotador. Tal vez el mundo de la medicina interna no tiene tanta acción como la cirugía, tantas vaginas como ginecología, ni tantos vómitos y diarrea como la pediatría, pero tiene un plus. Y es que me agrada. Es la especialidad que va más acorde con mi forma de ser.

Jackpot.

Hattrick.

… hole in one?

– El problema es que nadie sabe bien de qué se trata la medicina interna.

– Es dificil explicarle a la gente. ¿La medicina del interior?

– Bah, yo les digo que es algo parecido a lo que hace el Dr House, y quedan locos.

Da gusto. Todo funciona como reloj suizo. Los antibioticos, los anticoagulantes, los diuréticos.

Surviving the sepsis.

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