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Ok. Esta tarde voy a escribir lo que sea. Cosas que uno piensa mientras agarra la hojita y juguetea con el lapiz.

Por ejemplo, el tipo cuarentón que tiene SIDA. Drogadicto, enflaquecido, con abandono de tratamiento, da la impresión de que lo único que quiere es morirse.

Y parece que lo único que quiere es morirse, porque está lleno de bacterias y hongos por todos lados. Apenas puede respirar, hace dos días dejó de comer, y aunque ya no pueda hablar, sus ojos dicen que la corte con la tontera y que lo deje morir en paz.

Pero casi nadie en su familia sabe que tiene SIDA. Y lo visitan a diario. Y hasta pasan la noche con él. “¿Que pasó, primo?” “¿Por qué está tan flaco, tío?” “Ánimo, hermano”.

Y ahí uno juguetea con el lapiz. Escribir. Salvar una vida. ¿Pero cuánto vale esa vida? ¿Quién le pone valor a esa vida?

¿No que todas las vidas valen lo mismo?

¿Ah, no?

Porque a pesar de hacer cálculos, ajustar medicamentos, hacerle la punción lumbar, a veces me da rabia llegar por las mañanas y ver que todavía sigue vivo.

Algo para pensar por las tardes.

(antes era más fácil. Llegaba a mi casa y veía pokemón en la tv)

¿Y que hay de las ancianas que gritan y se quejan dentro de los hospitales?

– Señoriiiita!! Déme un vasito con aguaaaaa, por favorrrr!

– Joooooven, quiero ir al bañooooo!

– Mijita, por favor, ayuuuuuudeme!

– Agüita, señoriiitaaaa!

– Doctor… estoy cagá.

Y cuando la vieja me dijo eso, supe al tiro que la vieja estaba vigil, lúcida, orientada, y en condiciones de alta.

– Buena, Pablo, hoy ví que le echaste el ojo a cierta nutricionista.

– Mira, la verdad es que todos los días, apenas llego al hospital, lo único que pienso es que si consigo una pareja, no quiero que tenga nada que ver con el área de la salud. No quiero que sea doctora, ni enfermera, ni paramédico, ni nutricionista, ni…

– …

– Y te digo que apenas tenga la oportunidad, soy capaz de tragarme mis propias palabras con un litro de aceite.

Y así son las cosas. A veces siento que se me pasa la mano con el sentido del humor.

– Señor, tengo un problema. Usted tiene anemia, y una de las causas de eso es el cáncer.

-…

– Hay varias formas de estudiar eso. La primera es un examen algo… mmm… invasivo. Consiste en meterle un dedo por el culo y examinar si no tiene algo extraño en el ano o en la próstata. Así que dése vuelta y bájese los pantalones.

– Mmm… no me gusta nada esto.

– La verdad es que a mi tampoco.

Y la próxima vez que entre al Coyote, iré con mi carné de identidad y me tomaré un maldito sacrificio maya.

Y sin la bombilla.

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Archivado bajo Pensamientos, perro, Publicidad Gratuita, Recuerdos, Reflexiones Bizarras

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