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– Mi gato se fracturó la columna y no podrá volver a caminar.

Así empezó la jornada. El maní, el salfate, las lacrimógenas, para subirte al bus de los pacos no te piden pase escolar.

Total, si quieres cepillarte el culo ahí está el papel. Ahora, si tenerlo perfumado no es prioridad, te estaremos vigilando.

Yo no sé si el borracho que dirigía el tránsito tenía pase escolar.

– Y tú, Pablo, dónde te ves metido de aquí a diez años?

– No sé. Tal vez metido en un hospital, o quizá en Hawaii, o tal vez me aburra de esta tontera y termine horneando pan para alguna cadena de supermercados.

Sería tan genial espolvorearme maicena en los genitales…

– Doctor, si hasta ofrezco pagarle un bono para que vaya a ver a mi mamá a la casa.

– No, señora. Si mi idea fuera tener dinero, no estaría trabajando aquí.

Si mis jefes supieran lo que hago con sus talonarios de recetas cuando se me acaba el papel higiénico, me renovarían el contrato por tres años y tirarían la cadena.

– Doctor, y le puedo dar  a mi hijo “Tulox”? Un primo se lo tomó, y al día siguiente se le pasó el resfrío.

– (no… debo… hacer… evidente.. broma… doble sentido… must… stoooooop!)

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It’s PAYBACK!

Cerca de las siete de la noche comienza el hambre. Hace frío y quedan como 6 pacientes por ver.

Seis mundos, seis problemas; el hambre, la inanición.

El delirio.

– Mire, señora, algunos dicen que la vida es un tango. Otros dicen que es un tongo. Usted decide.

– Algunas personas se aburren de la vida y para ser felices consiguen una pareja. O tienen un hijo. O dependen de alguien. Pero al final estamos solos, señor, y si no partimos por querernos a nosotros mismos las cosas se complican. Haga deporte, no sé… lea y entreténgase.

– Oye, tú! Bájate! El otro día se me cayó un niño de ahí y se rompió en pedacitos!

Equilibrio dinámico. Las cosas caen por su propio peso.

– Mamá, ¿éste es el doctor?

– Si.

– ¿Y lo sabe todo?

– No, no tengo idea de nada!! …menos mal, así me entretengo.

El otro día vendían aceite humano en la esquina.

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Espataataaaah!

Afuera están los vecinos armando el bullicio de siempre. Amparados por no sé qué poder político, se toman el barrio con sus reuniones familiares. Y son numerosos. Y no respetan ninguna hora.

Todos los días escucho sus risotadas. El abuelo pasa su jubilación sentado leyendo el diario, o roncando, o escupiendo en sonido “stereo”, o delirando en voz altísima. O cuando los dioses lo exigen, el bastardo se da el lujo de afilar sus cuchillos a las 8 de la mañana con el cemento que hay debajo de mi  ventana.

También tengo la sospecha de que me roban parte de la internet inalámbrica. No me vengan con el que cabro chico saca su notebook a la calle para recargar su batería solar o  porque le nace el espíritu ecologista.

Lo ven todo, controlan todo, saben todo. Es como si cada uno de ellos fuera la vieja chismosa de la vecindad. Imposible salir de casa sin sentirse toqueteado por múltiples ojos. Ya ni me molesto en saludarlos porque siento que me acuesto y despierto con ellos.

Además me enfurecen porque creo que creen que soy gay y me miran  con lástima. Culpa mía, quizá, que sólo invito amigos a la casa. Culpa de ellos, tal vez, por ser unos malditos sapos malolientes.

Si viviera en EEUU ya les habría volado los sesos. Llevo años imaginando venganzas de todo tipo: Mearles la tertulia desde mi ventana; ponerle caca a su buzón; incendiarles al perro; robarle la placa dental al viejo.

No… borren eso. Incendiarles al viejo suena mejor.

Y lo peor es que no les importa nada. Otros vecinos los han encarado directamente, sin resultados (“pero si la calle es pública!” dicen casi a coro, “es nuestro derecho!”). Son inmunes a toda amenaza. Para colmo, cada año se multiplican y traen más cabros chicos al mundo. En un cáncer hecho  familia.

Ten cuidado. Tu barrio podría ser el próximo…

(en momentos así quisiera ser una patata)

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Team Mico

– Mira, Pablo, te voy a dar un consejo.
– ¿?
– En este mundo los médicos más inteligentes, los más capos, te vas a dar cuenta que son los más tranquilos. Así que relájate.

Tal vez. Pero la señora que hace empanadas no la demandan porque una le quedó fea, ni al zapatero lo meten preso por fabricar mal un par de zapatos. Pero si el médico pone cara de culo, capaz que lo sequen en la cárcel.

“Daño moral”, que le dicen.

– Doctor, esto lo he pedido en el hospital barros luco, en el metropolitano, hasta en el salvador. Quiero… la eutanasia.

– Pero mamá!?!? – interrumpe la hija – ¿Cómo puedes decir eso??! Lo hemos discutido miles de veces en la casa!! Si vuelves a decir algo así, nunca más te vuelvo a visitar.

– Pero señora…

– Mira, mamá, él no es dios, no decide cuando hay que morir. Él no estudió para convertirse en un asesino.

Claro, lo que sea. Este mundo da para muchas cosas. Y yo no sé. No sé y mejor me arranco a comer empanadas, porque la mayoría de las veces las preguntas resultan más interesantes que las respuestas.

– Dígame, joven, usted cree en dios?

– Ehhhhh…. a veces.

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Raindrops

– ¿Es verdad que cuando naciste rompiste el molde?

– Así dicen.

– Entonces tu mamá debió pasarla muy, muy mal.

Fuera de contexto las cosas pueden sonar extrañas. Ahí, parado en lo más profundo de Conchalí, mientras esperaba la micro, una señora me apunta con el dedo y dice:

– Yo te conozco! Tú estabas ahí cuando nació mi hijo!

– ¡¿Qué?!

– ¿Cómo? ¿No eres tú?

– Ah, bueno, sí, puede ser yo…

Demencia. Delirio. Desorientación.“Mira, quizás tu viste a la vieja por cinco segundos de tu vida. Pero si le atendiste el parto, esa vieja se va a acordar de ti el resto de la suya”.

Van tres meses de medicina interna. Agosto se fue y me ha tocado conocer a todo tipo de maestros. Un negrito sabrosón y cubanoide. Un ex-rockero emputecido porque su señora le botó la caja del Chivas Reagal a la basura. Un vejete picarón y chistoso y con mucha influencia.

Un crespo juvenil y trabajólico, y otro crespo más viejo y ochentero y que no está ni ahí con nada.

Pasado, presente. Futuro.

La indecisión, los límites. Las contraindicaciones. El daño hepático. Los 50 kilos que al final eran 30.

Error de cálculo. Aplicar la formula del sodio, del bicarbonato, de la acidosis metabólica. Miliequivalentes por litro. Todo muy divertido y didáctico,  pero los enfermos se van a la mierda y se mueren igual.

Y la pena y la rabia y la crítica destructiva. Duele más cuando proviene de uno mismo.

– Uff.. no alcancé a almorzar. Apenas llegue a la noche, le diré a mi mamá que cocine algo.

– Pucha que eres mamón.

– ¿Qué te pasa con mi mamá? Es la única que me quiere por lo que soy y no por lo que le puedo dar, como el resto de las mujeres.

Días de incertidumbre. Septiembre, Octubre, y se acaban los días de universidad. La titulación.

Terrible prah.

– Mira, el delantal de Jimmy tiene pezones.

Fuera de contexto las cosas pueden sonar extrañas.

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Vade Retro Decurión

Cinco mil era lo único que tenía. Un simple billetón rojo. El resto me lo gasté en tonteras como transporte y comida.

La cola era inmensa. La espera, una eternidad.

– A ver, si andan de la mano, si se bajan juntos del auto, si se dan besitos… cual es la probabilidad de que ese wn sea su novio?

– Mira, si sólo me baso en mi experiencia personal, yo diría que 0%.

“Son 10 mil pesos” me dijo la cajera. Creo que sonrió. Esperé por más de una hora para enterarme de que no tenía lo suficiente. Vade Retro. Decidí odiar al sistema, a la compañía, y a la ejecutiva que me vió la cara hace un par de meses y me vendió por teléfono un plan que nunca quise.

 

En el camino de vuelta, en la micro, se subió un guitarrista otaku-pokemón. Se puso a cantar canciones de animé, justo de que me faltaba. No canté con él porque…. porque… eh…

– Doctor, por qué se demora tanto en contestar?

– Es que yo practico una técnica casi extinta, doctora, que consiste en pensar antes de hablar.

 Pensar antes de… contestar.

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Terre-motin

Quedó la escoba. La crema. El caos. El acabóse. Me tocó ir al hospital luego de 5 horas tras el movimiento telúrico. En el camino presencié dos choques, unas cuantas peleas, y según la TV pasan dramas dramáticamente dramáticos. Lo más peligroso no fue el terremoto, son las personas.

Parecía zona de guerra. Los muros caidos, polvo, escombros, y un montón de embarazadas estresadas, con la guagua que se les quería arrancar antes de tiempo. Imagenología estaba con las cañerías rotas y agua por doquier.

En una noche el hospital envejeció 10 años. Los muros trizados, algo así como el verdadero campo de batalla.

Humor negro. Las imágenes muestran un estacionamiento completamente derrumbado, con el techo aplastando decenas de vehículos. Un cartelito dice “El estacionamiento no se hace responsable por accidentes”.

Casas chuecas. “Podrían promocionar el turismo como departamentos de Pizza”.

El mundo se va a acabar y yo sin confesar mis verdaderos sentimientos. Sin partner. Debería darme vergüenza.

¿Ah, cómo? ¿No me da?

Cuidense^^

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