Tick

Mi vida cambió: ya no duermo solo.

Es lo que siempre quise, pero distinto.

La veo casi todas las noches y nunca antes había intercambiado tantos fluidos vitales con un ser viviente.

Duermo con una maldita pulga.

Resiste todo: se come los insecticidas, el desodorante, los pedorreos, y cuando logro atraparla entre mis dedos aguanta el aplastamiento (exoesqueleto insectoide, wtf?) y desaparece de un salto.

Me llega a dar anemia con tantas picaduras en el cuerpo.

Pero ya me vengaré, aunque tenga que dormir cubierto de ácido.

– ¿Y esta chaqueta, como se ve?

– Mmm… es como el mismo Pablo de siempre, pero bakán.

-… deja ver el precio. Estoy a 14 mil pesos de ser bakán.

Dicen que los huevos revueltos tienen su propio partido político.

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Megaletha Plus

Lo más difícil no fue conseguir el dinero, ni comprarla, ni subirla por el ascensor.

Lo complicado es la instalación.

Maldita lavadora.

Se lo perdono porque se llama Margarita Plus y tiene 6 programas de lavado, y es la primera fémina que invito al departamento.

– Lea, entreténgase, cultívese, produzca, fabrique, y después me cuenta.

Este día tiene 25 horas. Podría pasar cualquier cosa.

Cualquier cosa.

– Y me volví loca desde que supe que mi pareja se metió con mi mamá y tuvieron un hijo, cuando yo estaba embarazada. Caí en las drogas y en una fiesta me lancé encima, y la apuñalé.

– Feliz día, mamá.

Instalar una lavadora es tan molesto como un furúnculo en el culo. No tengo ni las llaves, ni el desagüe adecuado, ni las mangueras. Pero ahí está doña Margarita, mirándome, recién desembalada, como burlándose de mi inocencia.

Gásfiter, fontanero. Arreglar cañerías no tiene nada que ver con pisar tortugas y rescatar princesas.

– Es un dolor maldito que no se quita con nada. Te hace vomitar, pero no se alivia al hacerlo.

– Ser padre te cambia, viejo.

– El tiempo vuela, muchacho. Ayer tenía tu edad, era joven y no me dolía nada. Ahora tengo 3 hijos, estoy por jubilarme, y estoy lleno de achaques.

Porque lo más dificil es el primer beso, señora. Luego de eso, ocurre la magia.

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It’s PAYBACK!

Cerca de las siete de la noche comienza el hambre. Hace frío y quedan como 6 pacientes por ver.

Seis mundos, seis problemas; el hambre, la inanición.

El delirio.

– Mire, señora, algunos dicen que la vida es un tango. Otros dicen que es un tongo. Usted decide.

– Algunas personas se aburren de la vida y para ser felices consiguen una pareja. O tienen un hijo. O dependen de alguien. Pero al final estamos solos, señor, y si no partimos por querernos a nosotros mismos las cosas se complican. Haga deporte, no sé… lea y entreténgase.

– Oye, tú! Bájate! El otro día se me cayó un niño de ahí y se rompió en pedacitos!

Equilibrio dinámico. Las cosas caen por su propio peso.

– Mamá, ¿éste es el doctor?

– Si.

– ¿Y lo sabe todo?

– No, no tengo idea de nada!! …menos mal, así me entretengo.

El otro día vendían aceite humano en la esquina.

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Cinturi-kio

– ¿Cómo? ¡Este baño no tiene pestillo! ¡No pienso entrar!

– Mmm… y sí. Pero no se preocupe, señora. Le aseguro que el tema del pestillo es más peligroso para nosotros que para usted.

Cientos de frases y nada que hacer.

Porque la mejor forma de celebrar el día del trabajo es no trabajando.

Supermercados y grandes tiendas cerradas.

Refrigerador vacío.

Hambre.

– A ver. ¿Quiere que le diga la verdad, señora?

– No, doctor. A las mujeres no nos gusta la verdad. Por eso los hombres son tan mentirosos.

La “mística” científica. La persona puede sentirse muy bien, asintomática. Lo único que puede convencerla de lo contrario es un exámen de sangre alterado.

Un electrocardiograma.

Otorrinolaringólogo?

Pues la ciencia es más mística de lo que parece.

– Oye, y te duele aquí?

– No

– Y aquí?

– No

– Ya, y aquí?

– No.

(pausa dramática en donde me siento, me pongo a escribir un par de cosas, el cabro chico se pone a saltar en la camilla como un verdadero cabro chico, y de pronto se manda un jackass, de cara al piso, ante su mamá).

– Bueno, y ahora te duele algo?

Llegó el frío. Sopla un viento terrible. La ropa se seca de inmediato, pero a veces siento que me falta ropa.

Esa terraza necesita una reingeniería.

Supongo que a nadie le falta dios ni pan.

Y un restaurant de comida china debe tener a una china atendiendo. O sino, el mundo se destruiría.

La última china que vi estaba viendo una película de chinos vaqueros.

Problem, space-time paradox?

Ojalá tuviera una mascota tan genial como la del konsomé panchi.

– Doctor, mire lo que le saqué a mi hijo del potito

(acto seguido, la mujer saca un frasco con un gusano de 12 centímetros en su interior)

– Guau. Oye, tú – le digo al muchacho – ¿Y te duele algo?

– No

– Y estás contento?

– Si.

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Jolt in the Crotch

No pude escribir en el blog. Razones me sobran y soy culpable de todas ellas.

– Señora, si lo que usted pretende es enojarme, hay formas más fáciles de hacerlo. Podría, por ejemplo, colocarme un ají en el culo y apretarme los cachetes.

-…

– Olvídelo. Sonó demasiado divertido.

Por un lado tengo una jornada laboral extraña. Mi horario de salida es casi todos los días a las 20:00, pero sin turnos de urgencia y sin trabajo durante los fines de semana. Es como el paraíso y el infierno al mismo tiempo, pero al menos me pagan.

Sobre eso mismo, van dos meses de sueldo pero ni siento los dólares. Se me fue casi todo en gastos, pesrros, pago de deudas y en queso con jamón. Cerrar la cuenta corriente del Banco de Chile fue una batalla campal. Ardió Troya. A pesar de pagarles las deudas y los intereses, los malditos querían más, pero mi romance con ellos se terminó.

– Pero señor, le daremos cualquier cosa si usted decide seguir siendo nuestro cliente.

– ¿Ah, cómo? ¿Cualquier cosa?

Tal vez en un par de meses veré por fin los números azules.

Lo sé. Es cierto. Si me hubiera quedado en Santiago las cosas sería más baratas y cómodas.

Pero no podría ver el mar todos los días.

Me sofocaría en su aberrante sistema de transporte público.

Seguiría viviendo en una casa herida de muerte desde que se destapó la gran olla y mi padre se fue para no volver. Desde entonces mi hermana y mi madre no paran de pelear a diario y no estoy ni ahí con ser la leña del fuego.

Seguir en Santiago significaría volver al encierro, al calor.

Volver a esa maldita sensación de “forever alone” que me daba por las tardes, y que apenas se apagaba al escribir en este blog.

Transitar por calles llenas de malos recuerdos.

– Mira, lo que necesitas es buscarte una mujer menos histérica. Y cambiar de ciudad.

Escapar hacia Valparaíso fue una aventura y acto sicomágico, todo en uno. Salú por eso.

(Jodoviejo, revuélcate en tu catre!)

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Gothic Lolita & Psycho

Finalmente tomé la decisión.

– Ya. ¿Cómo funciona esto?

– Fácil. Pasas la tarjeta, pones tu clave, y presiona “enter” para confirmar el precio.

– A ver… (- inserte aquí un sonido tecnológico y galácteo-) Listo. ¿Eso fue todo?

– Si.

Claro, pero no contaba con que el guardia de Almacenes Paris me detendría a la salida, con toda su prepotencia, para exigir que le mostrara la boleta del notebook.

Me asusté: hay películas porno que empiezan así.

– ¿Qué pasa, perritan? ¿Me viste cara de delincuente? ¿Acaso es mi culpa andar todo cochino y chascón por arrancarme de un tusunami?

Pura acción. Tal vez demasiada.

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Margarita

“Los expertos dicen que no, que no sirve. Se hizo un estudio multicéntrico prospectivo randomizado, cientos de meta-análisis, y la conclusión es la misma: no funciona.

Ahora, señora, si usted tiene dinero para gastar, cómprese el maldito jarabe para la tos”

“Es que fui a ver un médico particular y me dijo que los árabes se depilan la entrepierna con motosierras”

“Vaya, vaya, señora, parece que cuando le cobran por la consulta, usted es capaz de creer todo lo que le digan”.

“Entonces, mejor le cobro y quizá me hace más caso”.

“Bueno, doctor, y al final me tomo las pastillas que me indicó el otro médico?”

“La verdad es que no sirven mucho, pero si le costaron muy caras, tómeselas nomás”.

La universidad te prepara contra muchas cosas, pero nada ni nadie se la puede contra un somalí armado de bazooka y lanzallamas.

Problem, Eddie Lopez?

Llevo casi un mes y medio en Valparaíso. La aventura de comer, de lavar la ropa, de dormir, de esquivar borrachos y de sentirse un colonizador en tierra de nadie, sin hogar ni patria, sigue y seguirá por mucho tiempo (¿cómo? ¿en la corporación quieren que les venda mi alma por tres años?).

Sin lugar fijo, como los cavernícolas luchando contra los dinosaurios.

¿Pero cómo, no que los dinosaurios murieron antes de que apareciera el hombre?

¿Y cómo los Picapiedras?

¿Y por qué los Picapiedras celebraban la navidad?

A medida que me convierta en el magnate que siempre quise ser, llegarán las limosinas, las mansiones, las conejitas playboy, el glamour y los conciertos.

Por ahora me conformo con lavar mi propia ropa interior. Y con almorzar helado todos los domingos.

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