Como la vida, esta cosa comenzó a pura prueba y error. Postulé a un primer consultorio y no me dieron bola. Postulé a Chuchunco y quisieron entrevistarme cuando andaba en el sur… o sea, los planté sin querer. Llamé para dar las chúplicas correspondientes y todo se fue armando.
Listo, conseguí donde hacer mi práctica de atención abierta.
Bonito el lugar. Grande y bonito. Un sitio plagado de historias y personajes, y más encima cerca de mi casa. Gente grata, ingrata, y no por ello con un deje de grosería.
Con personajes me refiero a Luisito, una entidad supernatural armado con retardo mental y hediondez épica. Claro, dotado también de simpatía y cariño en abundancia. Iba a la urgencia por cualquier motivo, por estúpido que fuese. Aún recuerdo cuando tomé vuelo y llamé a mi primer paciente. De la impresión, dos paramédicas se rieron apenas pronuncié el nombre.
“Mira la suerte, le tocó el Luis”
Y entró Luis. Atender a Luis. “Déjale un paracetamol y que se vaya para la casa, nunca viene por cosas importantes”
- Me duele la garganta – dice contento
- A ver? Abre la boca…
- Me duele la garganta – vuelve a decir, muy contento.
A la semana siguiente.
- Que te pasó, Luis? Cuéntame
- Me duelen las rodillas – dice triunfal
“Es que siempre busca razones para venir a mosquear… le gusta ver a los doctores”.
Un hombre que bebe para olvidar que bebe. Bebe para olvidar que su mujer lo dejó por otro, y bebe con tantas ganas que destruyó la puerta de su hogar y no lo recuerda. Bebe y quiere dejar de beber, pero bebe por culpa de aquella mujer que siempre quiso y nunca pudo… amar. Otro hombre bebe porque recién ahora un amor del pasado le cuenta que el hijo es suyo, y que tiene 3 años. Una anciana yace detenida en el pasado, cargando una hoja de diario amarilla, casi tan vieja como ella. Le doy un vistazo y leo sobre su hijo, muerto en el año 1973. Tenía veinte años y jugando con el arma de fuego de su mejor amigo, se le escapa un tiro y fallece. El mejor amigo no se la pudo con la culpa y luego de escribirle a su mujer “Lucy, te amo”, decidió acabar con su vida.

A Chuchunco llegué en bici muchas veces. Tuve que soportar las bromas. “Oiga, no se preocupe, mire que ya le va a alcanzar para comprar un auto”.”Esa bici es suya, doctor? Vive cerca?”. Y diablos, que me la podían robar, y no olvidaré a la señora del aseo toda putifrunci porque un dia no la saludé. “Oiga, doctor, usted está muy joven para ponerse pesado”.
Dios, no la vi, quizás estaba apurado, no sé… por qué no puede ponerse en mi lugar y perdonarme? Tengo mejores cosas que hacer que caerle mal a la gente.
Por qué no pueden ponerse en mi lugar?
Por qué no la mandé a la mierda por paranoica?
- Chuchunco tiene un problema: está lleno de mujeres – comentó el profe.
- Y eso es malo? – dije, ingenuo
- Claro, se presta para los rumores, el blablá y….
Y la Clarita, y la Marce, y la Patty, y todas estas señoras sub-40, y la señora del casino, y la del aseo, todas sonrientes y buena onda con uno, como invirtiendo sonrisas por si alguna vez necesitaran cobrarme un favor.
Y justo le da un infarto a la mamá de la señora del aseo, conmigo presente. Y ahí estuve, contemplando, admirado del asunto. Cuando hay urgencias de ese tipo, el médico se convierte en capitán y los libros dejan de estar muertos porque las intrucciones cobran vida y…
Me dio pena. Las chicas de la urgencia no estaban acostumbradas a tomar exámenes. Tuve que ayudarles con el electrocardiograma, en el oxígeno, en… en este país, la vida y la muerte no son cosa de pericia o dinero, son cosa de suerte.
- Doctor, atiéndala a ella primero! Se desmaya de la fiebre!
Y entra la mamá desesperada con su hijita de no más de diez. Fiebre de 40 grados y un dolor de cabeza espantoso. No hay más pistas.
El doc boliviano no sabe qué hacer. Mi tutor, bastante joven, también duda. Yo pienso en meningitis, y sin mediar palabras lo compruebo. El cuello está rígido, las piernas duelen, los signos salen mejor que en los libros y…
Pero no hay descanso y la noche continúa entre gastritis, resfríos y amigdalitis. Gargantas inflamadas, “vidrio molido” en las nalgas, infecciones urinarias, y un viejo con una quemadura comienza a regalar “Condoritos”.
- Condoro?! Donde?!…. diablos, me asusto con sólo escuchar la palabra “condoro”- dijo el profe.
Me tocó ver niñitos. Son muy entretes, y confieso me gustó la experiencia. Tan sanos, tan puros, tanta energía… Luché con las guaguas para verles la garganta. En los primeros intentos chupaban o mordían el bajalenguas, pero después dominé la tecnica y…
- Que pasó? Por qué el niño está vomitando?- preguntó el doctor.
- No sé! Ni siquiera he tomado el bajalenguas! – dije, más picado que asustado.
En Chuchunco vivió y murió parte de mí. Hubo dias buenos, días mejores, llamadas bonitas y hasta un día de San Valentin digno de película. Ya finalizando, hubieron tardes desdichadas, horas de almuerzo sin hambre (ahi empezaron a molestarme por jugar con la comida) y nada… muchas llamadas sin respuesta, con la pena creciendo y yo sentado en una camilla de niños, incierto.
Porque en Chuchuco me avergonzaba caminar por los pasillos. La gente siempre estaba atenta al tipo del delantal blanco. No podía andar muy encorvado, ni tampoco muy erguido. Ni muy tímido ni muy sobrado.
- El doctor joven es super atento con los pacientes
- Oiga, es super raro ver a un doctor tan jovencito por acá
- A ver, a quien se parece este joven?
- Eeeh…. ya sé! A Charlie Zaa!
El mundo de Chuchunco. Las personas nos enfrentaban con el respeto del que no conoce. “Nada más violento que la ignorancia”.
- Los modelos médicos son muchos. El que siempre se usó, es el paternalista, pero ya debería estar en desuso. Acá no hay más remedio, la gente se comporta como niños chicos, y no se dan cuenta que los únicos que pierden son ellos.
- Mira, por más grande que sea tu condoro, si le caiste bien al paciente te ahorrarás cientos de demandas.
- Mira, que te sirva como consejo: apenas te titules, saca un seguro por si te demandan.
- Más allá de la cosa legal, lo que jode es esto: pasé 7 años estudiando para no hacer daño, y la idea de haber herido a alguien, aunque sea por accidente, no me deja dormir tranquilo.
Una señora está triste y deprimida porque su trabajo le apesta. Consiste en vender ataudes, y por ello tiene que aguantar los insultos de sus clientes. Además, vive en un lugar en donde asaltan gente en la entrada de su casa y… otra señora vive en otro mundo porque…
- Usted escucha voces?
- Si
- Y esas voces… le dicen que haga cosas?
- Pues… si
- Le dicen que haga cosas malas?
- Si…
Y diablos, la mujer estaba ahi, como si nada, caminando por las calles, jugando con los niños, inestable, una bomba de tiempo, un mundo sórdido (“Eres feliz. Te odio porque eres feliz”) que se oscurece cuando entra la siguiente paciente y confiesa que su hermano está casado y que la violó cuando chica, y que la viola ahora, y la doctora va a buscar al asistente social y me deja a solas con ella, y me cuenta, y yo la escucho, y me siento acongojado, reducido, porque frente a mi se revela un mundo que pocos ven, que no se nota.
El mundo detrás de las puertas cerradas.
Y los días siguieron en un mundo pokemón, lleno de paracetamol, úlceras gástricas, diazepam, fluoxetina, niños, ancianos, enseñanzas, alprazolam, preocupaciones, amor y desamor.
Chuchunco is no more. Sólo quedan recuerdos bonitos y una cicatriz inmensa.
Esperanza.