Así no se puede. Estoy frente a un vaso de agua, son altas horas de la madrugada, y mañana la vida debe seguir como si nada de esto hubiera pasado. Dormiré, no sé, unas 3 horas? Es la combinación perfecta para terminar arrollado, colapsado, destruido, bajo el peso de la rutina. Y como si eso fuera poco, me siento enfermo (tos, mareos, nariz tapada, garganta irritada y “me duele la watita”).
Pero ya. Basta que quejarse. En la tierra no hay lugar para los quejosos. Para eso están los libros de reclamos disponibles en los grandes (o ilusos) locales comerciales del país.
Lo que si vale la pena es vagar por las calles, mirando a la gente pasar. Y como no se me ocurre que otra cosa agregar, será mejor que vuelva a llenar el vaso con aguas diáfanas, puras y cristalinas.
la la la…
Hay un grado de insatisfacción
por esa mujer que siempre quise
y nunca pude amar.
Jamás…
(…)
Independiente de todo eso, al final uno trata de respirar un poco. Y maldecir ciertas cosas del pasado. ¿Cuando fue que me convertí en un esclavo de mis propias palabras?
Alguien dijo, si mal no recuerdo, que somos prisioneros de lo que decimos y amos de lo que callamos.
Bob Dylan ya se lo preguntó alguna vez:
“How many roads must a man walk down, before you call him a man?”
Cuántos caminos debe recorrer un hombre , antes de que lo llames como tal?
Bueno, ahí hay una serie de sentimientos encontrados, y una multitud de puntos de vista que en su intento de ampliar los horizontes terminan colapsándolo todo. Aunque en base a experiencias recientes, no son las palabras las que nos esclavizan directamente. Son las mismas personas que nos escuchan, las que toman nuestras palabras y nos las refriegan en la cara como si fueran un paño de cocina sucio.
“No, es que tú dijiste”
“Qué poco hombre eres, por favor! Sé fiel a tus palabras y házlo!”
“Poco hombre”. ¿Qué es ser un poco hombre, si ni siquiera hay una idea clara de lo que es eso?
Bueno, obviamente que desde el punto de vista biológico el asunto está claro…
Pero si tengo que ser fiel a unas palabras derramadas con desesperanza, y no a mi propio sentir, entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol, cuando muera la tarde.
Después de todo, esa es mi forma de mirar las cosas. Es mi camino para autodenominarme “hombre”.
Eso no importa. El tiempo pasa y nos sepulta indiferente, y cada vez nacen más preguntas.
Debo? Puedo? Vale la pena? Lo intento? Y que tal si?
Es que…
The answer, my friend, is blowing in the wind…